lunes, 15 de noviembre de 2010

LA FIESTA (1º parte)

Eran alrededor de las 5 de una tarde calurosa. Normalmente, en esta época del año no solía hacer tanta calor pero, como si el destino lo hubiese decidido, ese día amaneció despejado y anunciando que la gente no se arropara.-
Durante toda la mañana y a primera hora de la tarde ambos habían estado disfrutando con sus respectivos grupos de amigo.
Él decidió "tomar prestada" a la hija de su hermano para llevarla a tomar un refresco a uno de los "chiringuitos" que había alrededor de la plaza mientras el grupo seguía debatiendo sobre la mejor forma de preparar un gin-tonic, cosa que a él no le interesaba porque bebía whisky solo, con dos cubitos de hielo.
Mientras pedía en la barra, notaba un movimiento discontinuo de su sobrina, como si le picara algo y al mirarla, preocupado, fue cuando se dio cuenta que respondía a los estímulos de Eva, que se encontraba haciéndole muecas desde su asiento, en la mesa cercana.-
Eva, que llevaba un rato aburrida, aprovechó para ir al baño y en el camino pasó por donde estaba la niña en brazos del joven con espalda ancha y camisa azul celeste, muy alto, para sonreir a la niña.
Aún llevaba las gafas de sol puestas para esconder la tristeza de sus ojos, de una pena infinita que la ahogaba y que necesitaba, gritaba por salir.
Al pasar por su lado, le dijo que la niña era muy guapa y él respondió que era hija de su hermano y que la utilizaba para ligar respondiendo ella sin pensárselo: "pues lo has conseguido".
Él no prestó atención pues pensó que nada era serio, nunca le había pasado nada parecido y no sería ahora.
Más tarde, se buscaron con la mirada, disimuladamente mientras el alcohol hacía efecto en su mente, decidiendo que quizás, pudiera ser......, pero no, rechazaba una y otra vez la idea.
En un momento determinado, mientras él se dirigía a uno de los baños públicos, ella se le acercó con disimulo y le entregó un papel enrollado con su número de teléfono anotado. Era decidida y esa noche le necesitaba. Él no se lo pensó y, en lugar de tomarle el papel, la agarró y la empujó dentro del baño que, por increible que pareciera, se encontraba perfectamente limpio, cosa que él ya sabía.
La lengua de él le entró en la boca dejándole casi sin respiración, mientras sus manos le agarraban el culo intentando quitarle la ropa interior de forma brusca. Eva le paró un momento y le dijo, mientras pensaba que había sido la peor idea de su vida, que no la tratara como si fuese una cualquiera porque no lo era y le dejó allí.
Él, que nunca había tenido un encuentro de ese tipo en su vida (incluso cuando alguien le contaba que le pasó algo parecido, no le creía pues pensaba que eran cosas de películas eróticas) no quiso perder la oportunidad y se dirigió nuevamente hacia ella pidiéndole perdón por lo sucedido. Decidieron subir a su coche y tomar algo en un local próximo. Unos minutos de charla después, Eva pensó que quizás no era tan mala idea, que quizás él no era tan malo y que quizás pudiera disfrutar de su compañía aunque, si bien es verdad, la excitación inicial se había desvanecido.
Él la acompañó a su domicilio y esperó hasta oir la tan ansiada frase de "¿te apetece una copa?". -"Claro, esperaba que me invitaras", dijo.-
Una vez dentro, él se lo pensó dos veces antes de hacer nada pero decidió que ella le esperaba como hombre y actuó.-
Cuando ella se incorporó y giró, tras poner música de estilo Chill-out, él la esperaba de pie, con la camisa desabrochada. No había vello en su pecho ni casi en ninguna parte de su cuerpo (ella no estaba acostumbrada a ver a nadie imberbe, a pesar que él había abandonado la pubertad tiempo atrás)
La abrazó y la empezó a besar con dulzura, acariciando los labios de Eva con su lengua, primero el labio de arriba y después el de abajo, introduciendo su lengua y moviéndola al unísono dentro de su boca.
La sorpresa le llegó a él cuando se dio cuenta que Eva no llevaba ropa interior. Ella nunca la usaba con vestidos ajustados porque, según le dijo, quedaba mal que se notara.
Ella se puso detrás de él y le quitó la camisa, disfrutando de su espalda que, si bien no era musculosa, demostraba haber sido trabajada en unos cursos de natación.
Ella le besó de arriba hacia abajo, en la nuca, detrás de las orejas, en el interior, pasando la lengua. Disfrutaba tocando a esa hombre del que sólo sabía su nombre y poco más. Le desabrochó el pantalón, desde atrás, frotando con su pecho la espalda de él, excitándole, deseando que su miembro creciera. Bajó acompañando la caída del pantalón mordisqueando sus nalgas. Él levantó las piernas para dejar salir el pantalón que desapareció en un rincón de la habitación. Al subir, ella quiso acariciar su miembro que, para su sorpresa, aún estaba flácido. En ese momento, él fue el que la tomó y la puso contra la pared, quitándole el vestido. Se retiró brevemente para ver su cuerpo con la suave luz que entraba por la ventana, notando un cuerpo increible. Le besó la espalda y le obligaba a tener sus brazos arriba, contra la pared, como si fuese una detenida de un policía, idea que la excitaba. Le obligó a abrir las piernas, separándola ligeramente de la pared para poder acariciar sus pechos. Eran grandes y los pezones se le habían hinchado. Bajó sus manos hacia su sexo, notando la humedad en él. Mientras, a él le crecía el suyo. Eva, sin ser capaz de explicar cómo, se vio de rodillas en el suelo, sobre un cojín y con los brazos apoyados en la cama. Le separó las piernas y le pasó la lengua por las ingles, que ya estaban mojadas.
La lengua pasó lentamente al principio y con más intensidad despues, de las ingles al interior de su sexo, fuera luego, circulando por el clítoris y volviendo a entrar. Ella gemía y se dejaba hacer. Él, notándolo, aprovechó para introducir un dedo en su sexo y seguir lamiéndola. Después, le introdujo un segundo dedo y la yema de un tercero que, poco después, sacó e introdujo en su ano, lentamente, oyéndola gemir de forma más aguda, más intensa, con más deseo.
Él pensó que era el momento de penetrarla, cuando notó que llegaba al orgasmo, que levantaba la voz pidiéndole que no parase cosa que hizo, aumentó la velocidad del movimiento de su lengua, la velocidad del movimiento de sus dedos y...... poco más. Ella se corrió. Lo deseaba, lo necesitaba y él se lo proporcionó.
Quedó tumbada en la cama, boca abajo, esperando al reacción de él que se quedó detrás, inmóvil y, sin que ella lo supiese, con una sonrisa en la boca, satisfecho por el resultado.-
Eva esperó, agradeciendo su paciencia. Ahora le compensaría

1 comentario:

  1. acabo de leer tus dos historias a fondo, me han encantado, sinceramente, incluso me he quedado con ganas de esa "2ª parte".
    Como ya te dije por el chat, un pelin suave, pero eso es solo mi opinión, tal vez necesite un poco de "dureza", o más bien, detallismo.

    Aún así, son dos historias magnificas.

    Te seguiré leyendo, me has encantado, de verdad.

    Att: Chicorelatos

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