sábado, 13 de noviembre de 2010

CITA EROTICA POR INTERNET

Habían quedado a las 8 de la tarde en la cafetería que los dos conocían, porque había un ambiente relajado, la música era suave, normalmente melodías de saxofón y la luz era tenue, que invitaba al contacto.-
Se conocieron por intertet y lo que comenzó siendo un juego para pasar las horas de aburrimiento, mientras sus respectivas parejas no estaban, acabó formalizándose en una cita a ciegas, plenamente consentida y deseada.
Llegaron incluso a masturbarse con las conversaciones eróticas que mantenían por internet, mientras uno escribía el otro se auto-complacía.-
El nerviosismo se apoderó de él nada más entrar en la cafetería. La luz era perfecta, acorde con la melodía que flotaba en el ambiente. Se podía ver a una pareja riendo en una de las mesas, otra pareja acurrucada en un rincón, y el sonido de su propio corazón debido a la mezcla de emoción y deseo.
Se acercó a la barra y pidió un café solo y una copa de licor, cogió el periódico y se sentó en una de las mesas que daban al ventanal.
La tarde dejó paso a la noche que se hizo muy oscura debido a la tormenta que se formaba. El sonido de los relámpagos era cada vez más continuo y cercano, llegando incluso a percibirse el olor a tierra húmeda.
Ella entró.
Estaba radiante, con un vestido negro liso, ajustado al cuerpo. El escote no era generoso, pero dejaba imaginar el tamaño de sus pechos. La había imaginado algo más delgada, pero era guapa. Él era alto y delgado, con pelo corto estilo militar que le quedaba bien, si bien es cierto que su rasgo más característico eran unos labios grandes y carnosos que no dejaban indiferente a ninguna mujer.
Ella se aproximó a la mesa y se saludaron algo nerviosos. Pidió una copa de licor para que le ayudase a tranquilizarse y comenzó una conversación algo torpe.
Tras los primeros momentos y puesto que no tenían ya 18 años, empezaron a relajarse, ayudados por el ambiente y la música, conversando sobre el tiempo que llevaban chateando y lo que se habían contado, incluso interrogándose sobre diversas cosas.
Todo salió bien y decidieron dar el siguiente paso.
El hotel estaba cerca y se dirigieron con paso tranquilo pero decidido.
Tras recibir la tarjeta-llave de la habitación se dirigieron al ascensor
Ella estaba deseando un roce con la palma de la mano que recibió una vez se cerraron las puertas del ascensor. Un primer beso y poco más.
Giraron a la derecha hasta el final del pasillo, habitación 213, volviéndose a escuchar el sonido de un relámpago a la vez que se abría la puerta de la habitación.
Como buen caballero, le dejó entrar primero y fue entonces cuando todo sucedión de forma súbita, recordaría ella después.
No se llegó a encender la luz de la habitación. Él la abrazó tras cerrar la puerta, detrás de ella, la acariciaba suavemente sin ocultar su deseo hacia ella, que había aumentado según pasaban los minutos, según se acercaban al hotel, según se acercaban a la habitación. Ella lo sabía. Lo notó nada más cerrarse las puertas del ascensor, su erección no se podía ocultar y le provocó incluso un enrojecimiento de las mejillas.
Su mente iba y venía. Ahora estaba de nuevo en la habitación, notando su aliento, ligeramente dulce por el licor y eso la excitaba. Él le acariciaba los pechos, tocándola con el punto justo de presión y luego cambiaba y dejaba que sus dedos le rozaran los pezones, que se habían endurecido por la excitación.
El vestido cayó al suelo rozándole los hombros, tras lo que cayó el sujetador, dejando libres los pechos, que agradecieron enormemente ya que también se habían hinchado y endurecido. Le dejó jugar con sus pechos, con sus pezones, le dejó que la pusiera sobre la cama para acariciarle las nalgas, mientras se excitaba cada vez más, mientras escuchaba el chapoteo de las gotas de lluvia y el correteo de la gente en la calle.
Ella creía que se moría. Notaba su humedad cada vez más intensa. Notaba la erección de él en cada roce, pero no la dejó tocarle. Siguió besándola y lamiendo su entrepierna, sobre su tanga. Se lo quitó y siguió saboreándola.
Estaba a punto de tener el mejor orgasmo de su vida cuando, de repente, él la cogió y la penetró a la vez que se apoyaba contra la pared, entre sus brazos. Mientras lo hacía, le acariciaba el ano, introduciéndole la yema de un dedo.
Ella no podía imaginarse que todo eso se pudiese hacer a la vez. Le estaba besando y jugando con sus pechos, la estaba penetrando con una intensidad perfecta y le acariciaba el ano.
Le pidió que la penetrara más. Dejaba paso a su imaginación, con un baile infinito de hombres mientras él le daba un placer que disfrutaba.
Llegó el orgasmo. Increíble. Intenso. Deseado y él, tras notarlo, tras saberse triunfador, no pudo aguantar más y también terminó allí, con ella en sus brazos, él dentro de ella, saboreándose.

Y la lluvia cesó.....

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