domingo, 28 de noviembre de 2010

LA FIESTA (2º parte)

Ángel permanecía de pie, a los pies de la cama, observándola. Eva acababa de tener su orgasmo y se notaba que estaba relajada.
Por momentos, deseaba ponerse sobre ella, penetrarla y correrse rápidamente, pero sabía que no debía hacerlo y luchaba por controlar sus instintos.
Mientras se encontraba sumido en esos pensamientos, Eva se giró y en agradecimiento al placer recibido, no se lo pensó. Casi le asustó al meterse el pene en la boca y notar cómo empezaba a crecer mientras jugaba con él.
Al principio se lo pudo meter entero ya que aún se encontraba flácido pero también notaba como se hinchaba por momentos.
Mientras realizaba los movimientos de cabeza, introduciéndola y sacándola, notaba como cada vez le costaba más llegar hasta el final, a la vez que notaba cómo se ponía cada vez más dura.
Sin poder controlarse, empezaba a excitarse por ello, notando el calor que la embargaba, que le iba quemando la entrepierna, pero le gustaba jugar con el pene. Le gustaba tenerlo en la boca. Le gustaba notar la excitación de Ángel.
Él había decidido que la dejaría hacer lo que quisisera. Confiaba en que ella le daría un placer hasta ese día desconocido.
Eva le empujó contra la puerta del armario, que era de cristal, colocándose detrás. Le gustaba su espalda y disfrutaba acariciándola, acariciándole lentamente pero con fuerza. El culo lo tenía apretadito y lo agarraba con más ganas.
Ángel la notaba detrás. Notaba sus pechos en la espalda, apretándole. "Madre mía qué pechos"!!! pensaba mientras tenía que separarse del espejo. !!!No podía acercarse más!!!
Le había gustado mucho como se la mamaba y decidió que siguiera haciéndolo un poco más. Le dió la orden clara de que se arrodillara. Ella no se lo pensó porque también había disfrutado !!vaya tamaño, eso no me lo esperaba!!!
Siguió jugando con su boca mientras le agarraba los testículos y los acariciaba.
Ángel no iba a aguantar mucho más y Eva lo sabía. Notaba cuando un hombre iba a "terminar" y deseaba que él lo hiciera, dàndoselo todo.-
Ángel volvió a hacer algo inesperado. Como no quería acabar, la cogió de nuevo y la puso sobre la cama.
La penetró con fuerza, como había deseado hacer momentos antes. Decidió pedirle que se acariciara el clítoris mientras la penetrara porque quería que se corriera otra vez pero con él dentro.-
Quería notar en su polla las palpitaciones de su orgasmo, cosa que ella accedió encantada.
Siguieron moviéndose al compás, tanto en movimientos como en gemidos, excitándose mutuamente cuando Eva le dijo que se iba a correr y, al simple hecho de escucharlo, cómo también estaba deseándolo, aumentó el ritmo de sus movimientos, notando en un primer momento el orgasmo de Eva, sólo al principio, porque inmediatamente comenzó a tener el suyo, realizando penetraciones profundas e intermitentes mientras eyaculaba.
La respiración dejó de agitarse lentamente.
El sudor empezó a refrescar sus cuerpos.
El placer dejó descansar sus mentes.

lunes, 15 de noviembre de 2010

LA FIESTA (1º parte)

Eran alrededor de las 5 de una tarde calurosa. Normalmente, en esta época del año no solía hacer tanta calor pero, como si el destino lo hubiese decidido, ese día amaneció despejado y anunciando que la gente no se arropara.-
Durante toda la mañana y a primera hora de la tarde ambos habían estado disfrutando con sus respectivos grupos de amigo.
Él decidió "tomar prestada" a la hija de su hermano para llevarla a tomar un refresco a uno de los "chiringuitos" que había alrededor de la plaza mientras el grupo seguía debatiendo sobre la mejor forma de preparar un gin-tonic, cosa que a él no le interesaba porque bebía whisky solo, con dos cubitos de hielo.
Mientras pedía en la barra, notaba un movimiento discontinuo de su sobrina, como si le picara algo y al mirarla, preocupado, fue cuando se dio cuenta que respondía a los estímulos de Eva, que se encontraba haciéndole muecas desde su asiento, en la mesa cercana.-
Eva, que llevaba un rato aburrida, aprovechó para ir al baño y en el camino pasó por donde estaba la niña en brazos del joven con espalda ancha y camisa azul celeste, muy alto, para sonreir a la niña.
Aún llevaba las gafas de sol puestas para esconder la tristeza de sus ojos, de una pena infinita que la ahogaba y que necesitaba, gritaba por salir.
Al pasar por su lado, le dijo que la niña era muy guapa y él respondió que era hija de su hermano y que la utilizaba para ligar respondiendo ella sin pensárselo: "pues lo has conseguido".
Él no prestó atención pues pensó que nada era serio, nunca le había pasado nada parecido y no sería ahora.
Más tarde, se buscaron con la mirada, disimuladamente mientras el alcohol hacía efecto en su mente, decidiendo que quizás, pudiera ser......, pero no, rechazaba una y otra vez la idea.
En un momento determinado, mientras él se dirigía a uno de los baños públicos, ella se le acercó con disimulo y le entregó un papel enrollado con su número de teléfono anotado. Era decidida y esa noche le necesitaba. Él no se lo pensó y, en lugar de tomarle el papel, la agarró y la empujó dentro del baño que, por increible que pareciera, se encontraba perfectamente limpio, cosa que él ya sabía.
La lengua de él le entró en la boca dejándole casi sin respiración, mientras sus manos le agarraban el culo intentando quitarle la ropa interior de forma brusca. Eva le paró un momento y le dijo, mientras pensaba que había sido la peor idea de su vida, que no la tratara como si fuese una cualquiera porque no lo era y le dejó allí.
Él, que nunca había tenido un encuentro de ese tipo en su vida (incluso cuando alguien le contaba que le pasó algo parecido, no le creía pues pensaba que eran cosas de películas eróticas) no quiso perder la oportunidad y se dirigió nuevamente hacia ella pidiéndole perdón por lo sucedido. Decidieron subir a su coche y tomar algo en un local próximo. Unos minutos de charla después, Eva pensó que quizás no era tan mala idea, que quizás él no era tan malo y que quizás pudiera disfrutar de su compañía aunque, si bien es verdad, la excitación inicial se había desvanecido.
Él la acompañó a su domicilio y esperó hasta oir la tan ansiada frase de "¿te apetece una copa?". -"Claro, esperaba que me invitaras", dijo.-
Una vez dentro, él se lo pensó dos veces antes de hacer nada pero decidió que ella le esperaba como hombre y actuó.-
Cuando ella se incorporó y giró, tras poner música de estilo Chill-out, él la esperaba de pie, con la camisa desabrochada. No había vello en su pecho ni casi en ninguna parte de su cuerpo (ella no estaba acostumbrada a ver a nadie imberbe, a pesar que él había abandonado la pubertad tiempo atrás)
La abrazó y la empezó a besar con dulzura, acariciando los labios de Eva con su lengua, primero el labio de arriba y después el de abajo, introduciendo su lengua y moviéndola al unísono dentro de su boca.
La sorpresa le llegó a él cuando se dio cuenta que Eva no llevaba ropa interior. Ella nunca la usaba con vestidos ajustados porque, según le dijo, quedaba mal que se notara.
Ella se puso detrás de él y le quitó la camisa, disfrutando de su espalda que, si bien no era musculosa, demostraba haber sido trabajada en unos cursos de natación.
Ella le besó de arriba hacia abajo, en la nuca, detrás de las orejas, en el interior, pasando la lengua. Disfrutaba tocando a esa hombre del que sólo sabía su nombre y poco más. Le desabrochó el pantalón, desde atrás, frotando con su pecho la espalda de él, excitándole, deseando que su miembro creciera. Bajó acompañando la caída del pantalón mordisqueando sus nalgas. Él levantó las piernas para dejar salir el pantalón que desapareció en un rincón de la habitación. Al subir, ella quiso acariciar su miembro que, para su sorpresa, aún estaba flácido. En ese momento, él fue el que la tomó y la puso contra la pared, quitándole el vestido. Se retiró brevemente para ver su cuerpo con la suave luz que entraba por la ventana, notando un cuerpo increible. Le besó la espalda y le obligaba a tener sus brazos arriba, contra la pared, como si fuese una detenida de un policía, idea que la excitaba. Le obligó a abrir las piernas, separándola ligeramente de la pared para poder acariciar sus pechos. Eran grandes y los pezones se le habían hinchado. Bajó sus manos hacia su sexo, notando la humedad en él. Mientras, a él le crecía el suyo. Eva, sin ser capaz de explicar cómo, se vio de rodillas en el suelo, sobre un cojín y con los brazos apoyados en la cama. Le separó las piernas y le pasó la lengua por las ingles, que ya estaban mojadas.
La lengua pasó lentamente al principio y con más intensidad despues, de las ingles al interior de su sexo, fuera luego, circulando por el clítoris y volviendo a entrar. Ella gemía y se dejaba hacer. Él, notándolo, aprovechó para introducir un dedo en su sexo y seguir lamiéndola. Después, le introdujo un segundo dedo y la yema de un tercero que, poco después, sacó e introdujo en su ano, lentamente, oyéndola gemir de forma más aguda, más intensa, con más deseo.
Él pensó que era el momento de penetrarla, cuando notó que llegaba al orgasmo, que levantaba la voz pidiéndole que no parase cosa que hizo, aumentó la velocidad del movimiento de su lengua, la velocidad del movimiento de sus dedos y...... poco más. Ella se corrió. Lo deseaba, lo necesitaba y él se lo proporcionó.
Quedó tumbada en la cama, boca abajo, esperando al reacción de él que se quedó detrás, inmóvil y, sin que ella lo supiese, con una sonrisa en la boca, satisfecho por el resultado.-
Eva esperó, agradeciendo su paciencia. Ahora le compensaría

sábado, 13 de noviembre de 2010

CITA EROTICA POR INTERNET

Habían quedado a las 8 de la tarde en la cafetería que los dos conocían, porque había un ambiente relajado, la música era suave, normalmente melodías de saxofón y la luz era tenue, que invitaba al contacto.-
Se conocieron por intertet y lo que comenzó siendo un juego para pasar las horas de aburrimiento, mientras sus respectivas parejas no estaban, acabó formalizándose en una cita a ciegas, plenamente consentida y deseada.
Llegaron incluso a masturbarse con las conversaciones eróticas que mantenían por internet, mientras uno escribía el otro se auto-complacía.-
El nerviosismo se apoderó de él nada más entrar en la cafetería. La luz era perfecta, acorde con la melodía que flotaba en el ambiente. Se podía ver a una pareja riendo en una de las mesas, otra pareja acurrucada en un rincón, y el sonido de su propio corazón debido a la mezcla de emoción y deseo.
Se acercó a la barra y pidió un café solo y una copa de licor, cogió el periódico y se sentó en una de las mesas que daban al ventanal.
La tarde dejó paso a la noche que se hizo muy oscura debido a la tormenta que se formaba. El sonido de los relámpagos era cada vez más continuo y cercano, llegando incluso a percibirse el olor a tierra húmeda.
Ella entró.
Estaba radiante, con un vestido negro liso, ajustado al cuerpo. El escote no era generoso, pero dejaba imaginar el tamaño de sus pechos. La había imaginado algo más delgada, pero era guapa. Él era alto y delgado, con pelo corto estilo militar que le quedaba bien, si bien es cierto que su rasgo más característico eran unos labios grandes y carnosos que no dejaban indiferente a ninguna mujer.
Ella se aproximó a la mesa y se saludaron algo nerviosos. Pidió una copa de licor para que le ayudase a tranquilizarse y comenzó una conversación algo torpe.
Tras los primeros momentos y puesto que no tenían ya 18 años, empezaron a relajarse, ayudados por el ambiente y la música, conversando sobre el tiempo que llevaban chateando y lo que se habían contado, incluso interrogándose sobre diversas cosas.
Todo salió bien y decidieron dar el siguiente paso.
El hotel estaba cerca y se dirigieron con paso tranquilo pero decidido.
Tras recibir la tarjeta-llave de la habitación se dirigieron al ascensor
Ella estaba deseando un roce con la palma de la mano que recibió una vez se cerraron las puertas del ascensor. Un primer beso y poco más.
Giraron a la derecha hasta el final del pasillo, habitación 213, volviéndose a escuchar el sonido de un relámpago a la vez que se abría la puerta de la habitación.
Como buen caballero, le dejó entrar primero y fue entonces cuando todo sucedión de forma súbita, recordaría ella después.
No se llegó a encender la luz de la habitación. Él la abrazó tras cerrar la puerta, detrás de ella, la acariciaba suavemente sin ocultar su deseo hacia ella, que había aumentado según pasaban los minutos, según se acercaban al hotel, según se acercaban a la habitación. Ella lo sabía. Lo notó nada más cerrarse las puertas del ascensor, su erección no se podía ocultar y le provocó incluso un enrojecimiento de las mejillas.
Su mente iba y venía. Ahora estaba de nuevo en la habitación, notando su aliento, ligeramente dulce por el licor y eso la excitaba. Él le acariciaba los pechos, tocándola con el punto justo de presión y luego cambiaba y dejaba que sus dedos le rozaran los pezones, que se habían endurecido por la excitación.
El vestido cayó al suelo rozándole los hombros, tras lo que cayó el sujetador, dejando libres los pechos, que agradecieron enormemente ya que también se habían hinchado y endurecido. Le dejó jugar con sus pechos, con sus pezones, le dejó que la pusiera sobre la cama para acariciarle las nalgas, mientras se excitaba cada vez más, mientras escuchaba el chapoteo de las gotas de lluvia y el correteo de la gente en la calle.
Ella creía que se moría. Notaba su humedad cada vez más intensa. Notaba la erección de él en cada roce, pero no la dejó tocarle. Siguió besándola y lamiendo su entrepierna, sobre su tanga. Se lo quitó y siguió saboreándola.
Estaba a punto de tener el mejor orgasmo de su vida cuando, de repente, él la cogió y la penetró a la vez que se apoyaba contra la pared, entre sus brazos. Mientras lo hacía, le acariciaba el ano, introduciéndole la yema de un dedo.
Ella no podía imaginarse que todo eso se pudiese hacer a la vez. Le estaba besando y jugando con sus pechos, la estaba penetrando con una intensidad perfecta y le acariciaba el ano.
Le pidió que la penetrara más. Dejaba paso a su imaginación, con un baile infinito de hombres mientras él le daba un placer que disfrutaba.
Llegó el orgasmo. Increíble. Intenso. Deseado y él, tras notarlo, tras saberse triunfador, no pudo aguantar más y también terminó allí, con ella en sus brazos, él dentro de ella, saboreándose.

Y la lluvia cesó.....